Roma, 25 de junio de 2026. En el marco de la Iniciativa de Diplomacia Cultural de Colombia, se llevó a cabo el conversatorio “La Iglesia católica colombiana y la transformación territorial de las áreas más afectadas por la economía ilegal de las drogas”, dirigido por el embajador de Colombia ante la Santa Sede, Iván Velásquez, y con la participación de Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, arzobispo de Popayán; Monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Montería; Monseñor Israel Bravo Cortés, obispo de Tibú; y el teólogo Gianni La Bella, quien fue el moderador de la velada.
Durante el evento, el Embajador presentó la nueva política nacional “Sembrando vida, desterramos el narcotráfico” (2023-2033), que, a través del componente Oxígeno, pone en el centro a las personas y su dignidad, y busca crear alternativas legítimas y dignas para las comunidades a través de la integración productiva y el fortalecimiento del tejido social.
De igual forma, el Embajador destacó el papel fundamental de la Iglesia católica como aliada estratégica en estos procesos, gracias a su presencia histórica en zonas afectadas por las economías ilícitas, su cercanía con las comunidades y su aporte a la construcción de confianza, reconciliación y tejido social. Asimismo, señaló que este espacio de diálogo representa una oportunidad para escuchar de primera mano las realidades territoriales y reflexionar sobre caminos posibles hacia políticas de drogas más humanas, sostenibles e integrales.
Acto seguido, se dio paso a la intervención de Gianni La Bella, quien destacó la importancia del espacio para realizar una reflexión estratégica y multidimensional sobre la implementación de la nueva política de drogas. Subrayó que la complejidad del fenómeno requiere no solo enfoques interdisciplinarios, sino también una articulación robusta entre actores institucionales, sociales y la cooperación internacional para favorecer una comprensión integral de los retos territoriales.
Durante el conversatorio, los panelistas coincidieron en la necesidad de fortalecer la articulación entre la Iglesia, el Estado y la comunidad internacional, con el fin de ampliar el acceso a la educación, la salud y las oportunidades de desarrollo en los territorios más afectados por las economías ilícitas. Asimismo, todos resaltaron la importancia de una presencia estatal más efectiva que priorice los servicios básicos, la justicia y la generación de empleo; además, coincidieron en que las políticas de drogas deben avanzar de manera articulada con los esfuerzos de construcción de paz y desarrollo territorial, con énfasis en la prevención, la salud pública y el bienestar de las comunidades.
Asimismo, el encuentro reafirmó el valor de la experiencia territorial de la Iglesia Católica como un actor con capacidad de acompañamiento, mediación y articulación en contextos de alta complejidad social. Las reflexiones compartidas destacaron que las soluciones de largo plazo deben centrarse en la dignidad de las personas, la recuperación del tejido comunitario y la creación de condiciones que permitan a las comunidades avanzar hacia economías lícitas sostenibles.
Este espacio de intercambio contribuyó a proyectar internacionalmente la visión de Colombia sobre la necesidad de abordar el fenómeno de las drogas desde una perspectiva más humana, territorial e integral, promoviendo una comprensión amplia de sus causas estructurales y de los retos que implica la construcción de respuestas sostenibles y coordinadas.
